¿Cómo cambiarías el sistema educativo?

Educar personas es complicado. Y sinceramente creo que a nivel sociedad hasta el momento hemos seguido un proceso tipo evolutivo de aprendizaje acerca de los métodos de aprendizaje. Es decir, es posible que en teoría existan aquellos que conozcan los métodos más eficientes para insertar conocimiento en las personas, pero realizar esto es un esfuerzo conjunto. Los profesores son simplemente quienes están al frente de batalla, con un aparato de instituciones que los respaldan para realizar su labor.

El asunto es que, sea por las razones que sea, los métodos que acaban siendo implementados al final al alumno no resultan los más eficientes para llegar al objetivo. Un ejemplo de esto es los tamaños de los grupos. Está demostrado que los grupos pequeños tienen mejores resultados que los grandes. En teoría podríamos calcular el número óptimo de alumnos (posiblemente ya se haya hecho, pero como no es el tema central de este post, omitiré hacer la búsqueda. Además, es posible que sea necesario hacerlo de nuevo en diversos casos particulares e.g. zonas urbanas vs rurales, etc). A esto podemos agregar otros óptimos, como el número de horas dedicadas a distintos tipos de actividades, la cantidad de tarea que hay que dejar (aunque este podría ser muy variable dependiendo del tema).

Al final de cuentas, lo que importa es que se utilice una forma de proceso administrativo que permita construir un sistema de enseñanza más eficiente. El problema es que generalmente los programas educativos se fundamentan en objetivos distintos y en muchas ocasiones contrarios. Por lo tanto, el sistema no es posible diseñarlo como se diseña un sistema de drenaje, sino que simplemente emerge, como un río. El río es bueno, es buen diseño, pero no está adaptado a nuestras necesidades. La analogía continúa si consideramos que al construir este río estamos obligando a muchos estudiantes a caminar grandes distancias para poder acercarse a la fuente de agua. En muchos casos, la distancia suele ser mas costosa que los beneficios de acercarse al río (y, por supuesto, mueren académicamente. Es decir, desertan), y en otros es suficiente como para que el aprovechamiento no sea óptimo. Sólo quienes “viven cerca” del río, es decir, quienes están mejor adaptados para aprender con las condiciones dadas.

Uno de mis mayores problemas con el sistema educativo en muchos casos es el énfasis en la memorización. En general no tiene mucho sentido el conocer términos complicados, mas allá de la comunicación efectiva con quienes se trabaja en el tema, sin embargo, sigo viendo que muchos exámenes están diseñados para premiar a quien más términos extraños conoce, aún cuando no sepa bien su aplicación. Que mas da no saber los nombres de los organelos, si aún piensas que los antibióticos pueden eliminar un virus.

Este problema puede presentarse aún en ingenierías, cuando se pretende que los alumnos se den por enterados de un tema con saber aplicar ciertas fórmulas, sin conocer su origen ni poder darle un seguimiento lógico a las ideas que están detrás de lo que aprendieron. El resultado es que muy pocos tienen la capacidad creativa requerida para resolver problemas nuevos de maneras específicas. En finanzas el problema es muy similar. Cuando se habla de probabilidad, una de mis formas favoritas de abordar el tema es el problema del cumpleaños, por ser fácil de relacionar con la vida diaria, contraintuitivo y hasta un tema que puede generar conversaciones interesantes. Sin embargo los profesores esperan que los alumnos aprendan las fórmulas sin ningún contexto y sin ninguna aplicación. Otro ejemplo es el uso del número e para el interés compuesto. Su presencia puede resultar extraña y misteriosa sin conceptos como límites y el infinito, y sin embargo se pide que se tome como dado.

No los culpo. Llegar a ciertas ideas y a ciertos conceptos suele ser tardado y complejo y tratar de transmitir esas ideas a 30 o 40 alumnos que muestran indiferencia suele ser frustrante. Sin embargo, es imperante que encontremos mejores maneras de lograrlo. No podemos esperar que todas esas ideas las transmita una sola persona frente al grupo: estamos mandando a nuestro frente de batalla solo sin caballería a quien llamar. Es necesario recordar que es trabajo en equipo.

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