Contra Peña Nieto y “sus reformas” por todas las razones equivocadas

No creo que el actual presidente de México pase a la historia como el gran reformador. No creo que sea el mejor presidente que ha tenido México y sinceramente, yo no voté por él y si hoy lo pudiera hacer volvería a votar por cualquier otro, no he cambiado mi opinión.

La razón más importante por la que estoy en desacuerdo no es por las reformas, ni siquiera me interesa que sea un iletrado (el sistema nunca pidió como requisito que tuviera una gran cultura y educación, así que en cierta manera, es una falla que tenemos que remediar). Mi motivo principal es porque el partido que él encabeza es un monopolista. Porque creo que aún es importante diluir su poder, pues la forma en la que lo concentra es una invitación a la corrupción.

Trato con frecuencia a los políticos como si fueran una especie subhumana, de la cual se debe esperar las peores vilezas, pero hay que cuidarnos, cualquiera de nosotros podría volverse igual. Los que se oponen a ese partido tienen el mismo sistema de incentivos, sólo tienen condiciones iniciales distintas.

Esta fuerza opositora, por lo tanto, juega con las reglas de la política, usa una retórica estudiada que sabe atraerá a segmentos de la población, pero no por eso los argumentos por los que están en contra de EPN y su gobierno son los mejores, los correctos ni tampoco significa que estén dispuestos a cumplirlos (léase inconsistencia dinámica).

El hecho de que esté en contra de un gobierno, no quiere decir que deba de hacer caso a todas las opiniones de quienes estén en contra también, a veces las ideas detrás son llanamente idiotas.

Por ejemplo la reforma energética, que fuera de lo que ya se lee en otros medios, a mi parecer tiene una enorme ventaja sobre el sistema actual: los ánimos de mantener vigilancia sobre las empresas que entren a explotar podrían ser mayores que la vigilancia que se tenía de la siempre corrupta Pemex. Eso es un avance, y con algo de suerte las promesas de la explotación también nos podría dar beneficios económicos.

Otro ejemplo son los gasolinazos. Yo los odio a un nivel personal, pero a nivel profesional supongo que está bien tener un incentivo para reducir el tráfico (más efectivo que el idiota hoy no circula ) a la vez que se libera la carga por los subsidios.

Y hablando de cargas tributarias, me molesta que no se haya hecho gran trifulca por la adquisición de pasivos de Pemex. Que diablos pasó?? Porqué no les indigna?? Mi teoría es que la izquierda no podía reclamar porque habría sido doble discurso (el precio de adoptar pendejadas de ideología).

Sobre la reforma hacendaria no se lo suficiente al día de hoy para opinar, pero supongo que en esa si hay motivos para ponernos máscaras de Guy Fawkes y gritarle a Videgaray.

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