Cómo tomar una Cerveza

El primer paso es reconocer que una cerveza es necesaria. Puede ser en un día caluroso, que se requiera refrescar el cogote, o bien en una noche agradable, donde la compañía de los amigos refleje el tipo de ambiente al que esta deliciosa bebida puede acompañar.

Posterior a eso se selecciona el tipo de bebida, que puede ser clara u oscura, dependiendo del grado en el que se haya tostado la cebada en el proceso de fabricación, o puede variar su sabor dependiendo de la marca que se elija. Sírvase el lector entonces en hacer un estudio minucioso sobre estos aspectos, con el uso de preguntas a conocidos o búsquedas por internet. Este paso es importante, pues será indispensable ir a un local comercial y preguntar al dependiente por el dicho elixir, a lo cual este responderá muy seguramente con un escueto “¿De cuál quiere?”.

A partir de este momento habrá que hacer una distinción entre los dos tipos de envase principales en los que se suele obtener el líquido mencionado. El primero es una lata de aluminio y el segundo una botella, ambos con contenido promedio cercano a los seiscientos mililitros. Es importante que se identifique cuál es la parte superior del recipiente y se mantenga volteando hacia arriba, para que éste quede en posición vertical durante los pasos siguientes.

La lata se podrá reconocer por su forma cilíndrica y acabado de aluminio, completamente sellado. En la parte superior del cilindro será posible encontrar una especie de pestaña, que al levantarse con el dedo, ésta hará presión de palanca sobre la pieza circundante a la zona -definida por el fabricante -destinada a ser la abertura por la que habrá que extraer el brebaje. Con este movimiento habremos entonces logrado romper los bordes de esa pieza de aluminio que quedará en la parte interior de la lata y por la que no nos deberemos volver a preocupar. 

En el caso de la botella, esta se reconocerá por ser de vidrio, en ocasiones transparente y aveces oscurecida la y la podremos encontrar sellada en la parte superior con una pieza de aluminio. En ocasiones, el fabricante ha sido lo suficientemente considerado como para que sea posible abrir la botella con las manos, sujetando con una la botella (queda a consideración del lector elegir cuál de ellas utilizará) y con la otra, presionando la tapa de aluminio, podrá girar en sentido contrario a las manecillas del reloj la pieza de aluminio hasta que esta quede libre de la presión que la mantenía en la botella. Podrá usted reconocer el momento en que esto suceda si escucha atentamente a que la botella emita un leve siseo de duración menor a un segundo.

En ambos casos, al tener ya libre el líquido, usted deberá acercar el borde superior del envase a los labios y, una vez en contacto, proceder a separar de su cuerpo solamente la parte inferior del recipiente. De esta manera el envase pasará de la posición vertical inicial a una aproximadamente 45 grados superior.

Para este punto la cerveza estará ya en su cavidad bucal. Es importante que una vez llena ésta con una cantidad razonable de la bebida -la definición de una cantidad razonable es subjetiva, pero puede entrar en el rango de 50 a 80 mililitros -Se proceda a pasarla al sistema digestivo, prestando especial atención a que se dirija a la zona correcta, para evitar atragantamientos. Es posible regresar el envase a su posición inicial mientras se realiza esta actividad o si se quiere tener un descanso entre trago y trago.

Repita los últimos dos pasos hasta que no quede más cerveza en el envase.