Manías profesionales

Crecí pensando que el nombre del centro de investigación donde trabajaron mis padres era un sinónimo de “lugar de trabajo”. Y además se me pegaron muchas manías como decir “fenotipos” en lugar de fisionomía o de preguntar por el isómero de una persona para referirme a su pareja. Cuando llegué al DF me intrigaba saber si sus pobladores eran originarios de aquí en su mayoría o bien, si acaso era una población totalmente heterogénea, así que solía preguntar a las personas si eran de “cepa pura”. Esta pregunta en la escuela de Economía no era entendida, pero si alguien la hubiera entendido, seguro no la tomaría con gracia.
Por supuesto que tengo más manías aún provenientes de la carrera administrativa y la maestría en Economía, algunas de éstas vienen desde mi madre, que incidentalmente es contadora. Pero evocar a los costos de oportunidad que genera una elección sobre otra, es una manía muy mía últimamente. O referirme al tiempo (y esfuerzo) aplicado a una relación amorosa como un “costo hundido”, no ha sido en realidad un acierto, pero es divertido como tema de conversación.

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